El conflicto entre Ucrania y Rusia continúa evolucionando en medio de intentos intermitentes por alcanzar acuerdos de paz. En este contexto, el frente de batalla comienza a incorporar tecnología avanzada que podría redefinir las operaciones militares.
Durante febrero, la startup Foundation, con sede en San Francisco, entregó dos unidades del robot humanoide Phantom MK1 a las fuerzas ucranianas para su evaluación en terreno. Se trata de la primera vez que dispositivos de este tipo son desplegados directamente en una zona de combate activa.
Según explicó el cofundador de la compañía, Mike LeBlanc, los robots han sido utilizados principalmente en tareas de reconocimiento, con el objetivo de probar su desempeño en condiciones reales. La iniciativa busca reducir la exposición de soldados en misiones de alto riesgo mediante el uso de sistemas automatizados.
El Phantom MK1 mide cerca de 1,80 metros, pesa 80 kilos y puede transportar hasta 40 kilos de carga. Está diseñado para desempeñarse en labores como vigilancia, logística y desactivación de explosivos. Su tecnología prioriza sistemas de visión por cámaras y mecanismos que favorecen el sigilo y la precisión en entornos complejos.
A pesar de su capacidad para operar de forma autónoma, el sistema mantiene supervisión humana en decisiones críticas, especialmente en aquellas que involucran el uso de fuerza letal.
La empresa también colabora con organismos como el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos en proyectos vinculados a seguridad fronteriza. De cara al futuro, proyecta ampliar su producción desde decenas de unidades este año a cerca de 50.000 hacia 2027, bajo un modelo de arriendo anual.
El despliegue de esta tecnología posiciona a Ucrania como un campo de pruebas para nuevas herramientas militares, marcando un precedente en la integración de robots humanoides en conflictos armados contemporáneos.

