Una nueva amenaza química está desplazando a la pasta base en sectores vulnerables como San Bernardo. Se trata de la «Cera», un residuo procesado con gas butano que alcanza una potencia adictiva hasta 20 veces mayor que la droga convencional, convirtiéndose en el nuevo azote de los barrios.
Su efecto es una explosión de euforia que dura apenas entre 2 y 5 minutos, forzando al consumidor a una dependencia mecánica inmediata. Esta fugacidad obliga a buscar dosis constantes de entre $1.000 y $2.000 pesos, acelerando el deterioro físico y mental de jóvenes y adultos en tiempo récord.
El peligro invisible radica en su fabricación artesanal, donde el uso de solventes industriales deja residuos tóxicos que se inhalan directamente. Aunque los servicios de urgencia aún no sistematizan las cifras de intoxicación, el daño neuronal y las micro-quemaduras pulmonares por el gas son irreversibles.
El panorama del consumo en Chile: Según el último informe nacional de SENDA, lo encabeza la marihuana con un 10,1%, seguida por la cocaína (0,8%) y la pasta base (0,3%). Aunque esta última tiene un porcentaje más bajo, es la que genera mayor impacto delictivo y sanitario. Una realidad que la «Cera» amenaza con triplicar debido a su bajo costo y alta rotación.
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