Lo que parecía ser una investigación encaminada hacia el cierre tras el hallazgo de pistas clave, ha dado un vuelco de 180 grados en los tribunales. Una reciente revelación sobre la cadena de custodia de los testimonios iniciales podría poner en riesgo la solidez de la acusación en el caso de la activista medioambiental Julia Chuñil, desaparecida desde noviembre de 2024.
El testimonio de la discordia Bermar Flavio Bastías, exyerno de la víctima y figura central por ser quien originalmente destapó la presunta participación de los hijos de Chuñil en el crimen, ha encendido las alarmas legales. En una sorpresiva declaración, Bastías confirmó que al momento de prestar su testimonio ante las autoridades no contaba con la presencia de un abogado, una formalidad que, de no haberse cumplido, podría invalidar sus dichos como prueba ante un eventual juicio oral.
“La declaración que le habían tomado en su momento no era válida porque no tenía un abogado al lado”, señalaron fuentes vinculadas al caso, abriendo una ventana para que las defensas de los imputados soliciten la exclusión de esta pieza clave del rompecabezas judicial.
Avances en el terreno vs. dudas en el papel Mientras el área jurídica enfrenta esta incertidumbre, en el terreno la actividad no cesa. La Fiscal Regional de Los Ríos, Tatiana Esquivel, confirmó que el uso de georradares ha permitido identificar “anomalías” bajo una baldosa en una bodega de la propiedad de la comunera.
Pese a que la evidencia física podría ser contundente si se encuentran restos biológicos, la validez del relato que sostiene la tesis del homicidio es ahora el punto más vulnerable de la investigación. De caerse el testimonio de Bastías por falta de garantías procesales, la Fiscalía deberá redoblar esfuerzos para sustentar la culpabilidad de los hijos de la activista basándose exclusivamente en pruebas materiales.

