¿Vida a 48 años luz? El telescopio Webb encuentra atmósfera y un océano en el planeta «Ojo de buey»

El consorcio científico internacional integrado por la NASA, la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Agencia Espacial Canadiense (CSA) mantiene bajo estrecho monitoreo la densa atmósfera rica en nitrógeno de la super-Tierra LHS 1140 b. Las investigaciones, respaldadas por los instrumentos de alta precisión del telescopio espacial James Webb y procesadas por astrónomos de la Universidad de Montréal, marcan un hito en la astrofísica moderna. Así, consolidan a este mundo rocoso como el candidato prioritario a nivel mundial para albergar océanos de agua líquida. Además, es el principal objetivo para buscar potenciales señales de vida extraterrestre.

El exoplaneta se encuentra ubicado en nuestro propio vecindario galáctico dentro de la Vía Láctea, específicamente en la constelación ecuatorial de Cetus (la Ballena), a una distancia de 48 años luz de nuestro Sistema Solar. Para dimensionar su ubicación desde nuestra perspectiva en la Tierra, el astro orbita alrededor de LHS 1140. Esta es una pequeña y pacífica estrella enana roja alineada con el ecuador celeste. Por lo tanto, esto permite su seguimiento desde casi todo el planeta. Se realiza mediante telescopios de alta potencia terrestres y espaciales.

Los datos espectroscópicos recopilados revelaron que LHS 1140 b posee un diámetro 1,7 veces mayor que el terrestre y una masa 5,6 veces superior. Esto lo clasifica firmemente como una super-Tierra rocosa y descarta de forma definitiva que se trate de un gigante gaseoso inhabitable. Además, los análisis matemáticos señalan que entre el 10% y el 20% de la masa total del planeta corresponde a agua limpia. Esto es un contraste radical frente al escaso 0,02% que posee la Tierra. Su particular dinámica de rotación sincrónica —donde siempre expone la misma cara a su sol— genera que sea conocido coloquialmente como el «Eyeball Planet» (Planeta Ojo de Buey). Es un mundo completamente congelado que esconde un gigantesco océano líquido. Dicho océano está expuesto directamente en su zona central, asemejándose a un ojo humano flotando en el vacío.

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La clave del éxito radicó en el instrumento de manufactura canadiense NIRISS acoplado al telescopio Webb, el cual filtró la luz de la estrella a través de los gases del exoplaneta durante sus tránsitos orbitales. Por otra parte, las mediciones confirmaron la presencia de una atmósfera secundaria dominada por nitrógeno, mezclada con vapor de agua y dióxido de carbono. Esta última genera un efecto invernadero natural. Gracias a esta capa protectora, la gélida temperatura base del astro (-43°C) se eleva en su zona oceánica. Así, puede alcanzar unos templados 20°C a 30°C. Se trata de un entorno óptimo para el desarrollo biológico.

El descubrimiento desplaza oficialmente el foco de atención científica que antes acaparaba el popular sistema TRAPPIST-1. Las estrellas inestables de ese sistema suelen destruir la atmósfera de sus satélites mediante llamaradas de radiación. Al orbitar una enana roja inusualmente calmada, LHS 1140 b ha logrado resguardar su aire y sus reservas hídricas a lo largo del tiempo. Este hallazgo abre una fase de monitoreo extendido. Ahora se podrá medir la presión superficial del planeta y buscar los primeros biomarcadores químicos en la historia de la exploración espacial.

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