Chile comienza a posicionarse en el mapa de interés internacional por sus posibles reservas de tierras raras, un grupo de 17 elementos esenciales para la tecnología avanzada, la transición energética y la industria de defensa.
La relevancia de estos recursos ha aumentado en los últimos años, especialmente en medio de la disputa comercial y tecnológica entre Estados Unidos y China. De hecho, Washington identificó recientemente una lista de 60 minerales estratégicos, encabezada por las tierras raras, debido a su importancia y a los riesgos asociados a su suministro.
Acuerdos internacionales y cooperación
En este escenario, Chile firmó el pasado 12 de marzo una declaración conjunta con Estados Unidos para establecer consultas orientadas a fortalecer las cadenas de suministro de minerales críticos. El acuerdo, suscrito por el canciller Francisco Pérez Mackenna y el vicesecretario de Estado Christopher Landau, contempla avanzar en mecanismos de cooperación, identificación de proyectos y posibles esquemas de financiamiento.
A pesar del interés internacional, nuestro país aún no cuenta con un catastro nacional que determine con precisión el potencial de sus reservas de tierras raras. Actualmente, el país no registra producción de estos minerales y solo existen dos proyectos en etapas iniciales o de desarrollo.
Uno de ellos es “Módulo Penco”, impulsado por Aclara Resources en la Región del Biobío, que busca producir óxidos de tierras raras. La iniciativa, que requiere una inversión de US$175 millones, se encuentra a la espera de aprobación ambiental tras varios procesos de evaluación.
El segundo proyecto corresponde a la empresa NeoRe, en asociación con la estadounidense Chilean Cobalt Corp., que desarrolla exploraciones en la zona centro-sur del país, con resultados preliminares que evidencian concentraciones relevantes de estos elementos.
A nivel global, la producción y reservas de tierras raras están fuertemente concentradas en China, lo que ha motivado a otras potencias a diversificar sus fuentes de abastecimiento. En este contexto, el eventual desarrollo de proyectos en Chile podría convertir al país en un actor emergente dentro de este mercado estratégico.
Paralelamente, iniciativas impulsadas por Corfo buscan avanzar en tecnologías para recuperar tierras raras y cobalto desde relaves mineros, lo que podría abrir nuevas oportunidades para la industria local.
Pero ¿Qué son las tierras raras?
En detalle, las tierras raras son un conjunto de 17 elementos químicos de la tabla periódica, compuestos por los lantánidosl, como el neodimio, el lantano o el cerio, además del escandio y el itrio. A pesar de su nombre, no son necesariamente “raros” en términos de abundancia, sino que su dificultad radica en que se encuentran dispersos en la naturaleza y son complejos de extraer y procesar.
Estos elementos poseen propiedades únicas, especialmente magnéticas, ópticas y electrónicas, que los hacen indispensables para el desarrollo de tecnologías modernas. Por ejemplo, el neodimio y el praseodimio se utilizan en la fabricación de imanes de alto rendimiento presentes en turbinas eólicas y vehículos eléctricos, mientras que el europio y el terbio son claves para las pantallas de televisores, smartphones y sistemas de iluminación LED.
Ademá cumplen un rol estratégico en la industria de defensa, ya que se emplean en sistemas de guiado de misiles, radares, equipos de comunicación y tecnología satelital. También son fundamentales para la transición energética, debido a su uso en baterías, energías renovables y soluciones de eficiencia energética.
El principal desafío asociado a estos minerales es su procesamiento. La separación de cada elemento requiere técnicas químicas complejas, costosas y, en muchos casos, con impactos ambientales relevantes si no se gestionan adecuadamente. Por esta razón, su producción está altamente concentrada en unos pocos países, siendo China el principal actor a nivel mundial.
En este contexto, las tierras raras se han convertido en recursos estratégicos a nivel global, ya que su disponibilidad es clave para el desarrollo tecnológico, la seguridad energética y la competitividad industrial de las economías.


