Con una tasa de desocupación de 9,4% durante el trimestre marzo-mayo de 2026, según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), Chile enfrenta uno de los escenarios laborales más desafiantes de los últimos años. El aumento del desempleo y de personas buscando empleo, junto con un mercado más cauteloso para contratar, está cambiando no solo la experiencia de quienes buscan trabajo. Además, está cambiando la forma en que las empresas gestionan su capital humano.
En este contexto, las gerencias de Personas están dejando atrás un rol centrado principalmente en el reclutamiento. Ahora buscan transformarse en actores estratégicos dentro de las organizaciones. Hoy deben equilibrar la necesidad de mantener la productividad, resguardar el talento crítico y fortalecer el liderazgo. Además, deben preparar a las compañías para responder a un entorno económico cambiante.
«Cuando aumenta el desempleo, el rol de las gerencias de Personas deja de estar concentrado en atraer talento y pasa a resguardar la capacidad de la organización para enfrentar un contexto más exigente. Por otra parte, esto implica gestionar reestructuraciones, fortalecer el liderazgo y proteger el talento crítico. Sobre todo, implica administrar la incertidumbre de los equipos mediante una comunicación transparente y criterios claros para la toma de decisiones. Pero también significa preparar a la organización para la siguiente etapa de crecimiento. En efecto, las empresas que mantienen sus capacidades estratégicas durante los ciclos complejos son las que logran recuperarse con mayor rapidez cuando el mercado vuelve a dinamizarse», explica Arturo Reyes, Director People Strategy de BDO.
Un mercado laboral más selectivo
Aunque el contexto económico ha llevado a muchas empresas a revisar sus planes de contratación, esto no significa que las incorporaciones se hayan detenido por completo. Más bien, las decisiones de contratación son hoy más estratégicas que hace algunos años.
Las organizaciones priorizan posiciones críticas para el negocio, perfiles especializados y profesionales con capacidad de adaptación. Al mismo tiempo, cobran fuerza alternativas como la movilidad interna, el desarrollo de talento y la reconversión de colaboradores antes que ampliar las dotaciones.
«Más que dejar de contratar, muchas organizaciones están contratando de manera más estratégica. Se priorizan posiciones críticas, competencias difíciles de reemplazar y la movilidad interna por sobre la incorporación de nuevo talento. El rol de la Gerencia de Personas nunca ha sido aumentar la dotación. Al contrario, su función es asegurar que la organización disponga de las capacidades necesarias para cumplir sus objetivos, adaptarse al contexto y estar preparada para capturar las oportunidades cuando el ciclo económico cambie», señala Reyes.
Sin embargo, el especialista advierte que uno de los errores más frecuentes en escenarios de incertidumbre es concentrar todas las decisiones únicamente en la reducción de costos.
«Cuando todas las decisiones se orientan exclusivamente a disminuir gastos, existe el riesgo de perder capacidades críticas, deteriorar la confianza y afectar la productividad futura. Por lo tanto, las organizaciones más resilientes son aquellas que logran equilibrar la disciplina financiera con una estrategia de personas que les permita recuperarse con mayor rapidez cuando cambian las condiciones del mercado», afirma.
Liderazgo y confianza: los activos más importantes
El aumento del desempleo también repercute en quienes mantienen sus puestos de trabajo. Por ejemplo, la incertidumbre sobre el futuro, la sobrecarga laboral derivada de procesos de reorganización y la presión por mantener resultados convierten al liderazgo en un factor decisivo para la estabilidad de los equipos.
Para Reyes, el principal desafío consiste en generar confianza mediante una comunicación clara y consistente.
«La motivación no se construye negando la incertidumbre, sino gestionándola de manera transparente. Las personas valoran entender qué está ocurriendo, cuáles son las prioridades del negocio y cómo se están tomando las decisiones. En este contexto, el liderazgo cercano cobra un rol fundamental: escuchar, comunicar con claridad y mantener espacios de desarrollo permite sostener el compromiso incluso en escenarios difíciles. Por supuesto, la confianza es el principal activo que una organización puede conservar durante una crisis», sostiene.
En paralelo, el mercado laboral también está modificando las competencias más demandadas por las empresas. Si bien el conocimiento técnico sigue siendo importante, hoy cobran mayor protagonismo habilidades como la adaptabilidad, el aprendizaje continuo, el pensamiento analítico y el liderazgo colaborativo. Además, la capacidad de utilizar herramientas digitales e inteligencia artificial para aumentar la productividad es cada vez más valorada.
«Este es un momento para fortalecer la gestión de personas, no para ponerla en pausa. Es clave tomar decisiones basadas en datos, identificar el talento crítico, desarrollar a los líderes y mantener una comunicación permanente con los equipos. Al mismo tiempo, las organizaciones que aprovechen estos períodos para fortalecer sus capacidades estarán mejor preparadas para transformar la incertidumbre en una ventaja competitiva cuando la economía retome un mayor dinamismo», concluye Arturo Reyes, Director People Strategy de BDO.
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