Presión internacional y estándares ESG: la brecha que podría dejar atrás a las empresas chilenas

Más allá de la regulación local, mercados internacionales e inversionistas están imponiendo nuevas exigencias en sostenibilidad. Por ello, los estándares ESG se han convertido en un requisito clave para muchas empresas. Además, expertos advierten que las empresas que no incorporen estos estándares podrían perder competitividad, acceso a financiamiento y oportunidades de crecimiento.

Durante los últimos años, la conversación sobre sostenibilidad en Chile estuvo marcada por el cumplimiento regulatorio y la elaboración de reportes. Sin embargo, el escenario cambió. Hoy la mayor presión proviene desde los mercados internacionales, los inversionistas y las nuevas normas globales. Estas normas están redefiniendo la forma en que las empresas gestionan sus riesgos y toman decisiones.

«Las principales exigencias que enfrentan hoy las empresas son las NIIF S1 y S2 de IFRS. A través de la Norma de Carácter General 519, estas obligan a las compañías a integrar la sostenibilidad y el cambio climático en su gestión de riesgos. La exigencia ya no es solamente de divulgación; implica revisar procesos, fortalecer la gobernanza y robustecer los mecanismos de gestión de riesgos», explica Andrés Sepúlveda, gerente general de Proyecta Impacto, consultora especializada en estrategia y gestión ASG.

La aplicación de estos estándares comenzará a reflejarse en las memorias corporativas de 2026. Esto marcará un cambio importante en la forma en que las empresas reportan y gestionan la sostenibilidad. Según Sepúlveda, el creciente interés por comprender este nuevo escenario quedó demostrado en el reciente webinar organizado por Proyecta Impacto junto a IFRS, Acción Empresas, Nuam y Arauco. En ese evento se reunió a un alto número de compañías interesadas en prepararse para este proceso.

Pero la regulación chilena es solo una parte del desafío. A nivel internacional, normas como la Directiva Europea de Reporte de Sostenibilidad Corporativa (CSRD) y la Directiva sobre Debida Diligencia en Sostenibilidad Corporativa (CSDDD) están elevando las exigencias para las empresas que mantienen relaciones comerciales con Europa. Estas directivas incorporan criterios ambientales y de derechos humanos a lo largo de toda la cadena de valor.

Una preparación desigual frente a un nuevo escenario

Aunque algunos sectores llevan años enfrentando este tipo de requerimientos, el nivel de preparación aún es dispar.

«Industrias como la minería o la agroindustria han trabajado durante años con estándares cada vez más exigentes de sus mercados de destino o de sus inversionistas. Por ejemplo, certificaciones como Copper Mark o SMETA les han permitido desarrollar capacidades para demostrar buenas prácticas en derechos humanos, estándares laborales e impacto ambiental», señala Sepúlveda.

No obstante, advierte que muchas otras empresas enfrentarán un escenario completamente distinto.

«La ley europea de cadena de suministro puede representar un desafío importante para organizaciones que no estaban acostumbradas a este nivel de exigencia. Por eso, la recomendación es comenzar desde ahora a identificar qué están solicitando clientes, inversionistas y otros grupos de interés. Así podrán definir prioridades y preparar una hoja de ruta.»

La competitividad ya no depende solo del negocio

El avance de estos estándares está modificando la forma en que se evalúa a las empresas. De hecho, la sostenibilidad comienza a ser considerada como un elemento que refleja la capacidad de una organización para gestionar riesgos, anticipar cambios regulatorios y generar valor en el largo plazo.

«Existe un riesgo concreto de quedar fuera. En el caso de la CSDDD, muchas empresas europeas deberán adaptar sus cadenas de suministro para cumplir la normativa. Esto significa que comenzarán a exigir estos estándares a sus proveedores o buscarán nuevos socios comerciales que sí los cumplan», afirma Sepúlveda.

A esto se suma el creciente peso de los mercados financieros. Las NIIF S1 y S2 fueron desarrolladas precisamente para entregar a los inversionistas información comparable sobre cómo las empresas gestionan los riesgos y oportunidades asociados a la sostenibilidad y al cambio climático.

«Los inversionistas son los principales usuarios de esta información. Si una empresa no demuestra cómo identifica y gestiona estos riesgos, puede quedar fuera de las decisiones de inversión de actores institucionales. Estos actores ya incorporan criterios ESG en la construcción de sus portafolios», agrega.

Un desafío que trasciende sectores

Si bien algunas industrias, como la minería, el sector forestal, la agroindustria o los productos del mar, enfrentan una mayor exposición debido a su relación con mercados internacionales, Sepúlveda sostiene que el fenómeno ya es transversal.

«Cuando hablamos de las NIIF S1 y S2, estas exigencias aplican a todos los sectores. La sostenibilidad dejó de ser un tema exclusivo de determinadas industrias y pasó a formar parte de la manera en que las empresas gestionan su negocio y responden a las expectativas del mercado.»

Más que un cambio regulatorio, el avance de estos estándares refleja una transformación en la forma de competir. Las empresas que logren incorporar tempranamente estos criterios fortalecerán su posición frente a inversionistas, clientes y mercados internacionales. En cambio, aquellas que mantengan una mirada centrada únicamente en el cumplimiento normativo corren el riesgo de perder competitividad. Esto es especialmente relevante en un entorno donde la sostenibilidad ya forma parte de las decisiones de negocio.

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