Menos presupuesto y más eficiencia: cómo la industria puede acelerar la electromovilidad sin renovar flotas completas

El avance de la electromovilidad en Chile enfrenta un nuevo escenario. A los objetivos de descarbonización y modernización del transporte se suma ahora una mayor restricción fiscal. Esto podría ralentizar la incorporación de nuevas flotas eléctricas en el corto plazo.

El reciente recorte presupuestario al Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones pone presión sobre un modelo que, hasta ahora, ha dependido fuertemente de la compra de buses eléctricos nuevos. Por otra parte, este esquema, altamente intensivo en inversión, es también el más vulnerable frente a los ciclos fiscales y a la continuidad política de mediano plazo.

Sin embargo, el contexto no es únicamente de desaceleración. Santiago alcanzó a inicios de 2026 un 62% de buses eléctricos en su flota de Red Movilidad, con proyección de seguir creciendo durante el año. En paralelo, el sistema contempla la incorporación de nuevas unidades y electroterminales, consolidando una base que ya permite hablar de una transición estructural.

Esta combinación de avance y presión presupuestaria abre espacio para soluciones intermedias. Así, permiten sostener el ritmo de la electrificación sin depender exclusivamente de la renovación total de flotas.

“Hoy el modelo de compra de flota nueva completa es el más expuesto a los vaivenes fiscales. En ese contexto, la reconversión eléctrica y la manufactura local permiten avanzar sin esperar grandes procesos de inversión”, explica Ricardo Repenning, cofundador y gerente de Tecnologías de Reborn Electric Motors, expertos en fabricación y reconversión eléctrica de buses.

Uno de los factores que refuerza este escenario es el cambio regulatorio reciente. En enero de 2026 entró en vigencia la Ley N° 21.793, conocida como Ley de Retrofit. Esta normativa por primera vez establece un marco legal para la reconversión de vehículos de combustión a eléctricos.

Esta norma marca un punto de inflexión. Hasta ahora, la reconversión operaba principalmente en entornos privados, como la minería, debido a la falta de regulación para su uso en vías públicas. No obstante, con la nueva ley, esta tecnología pasa a ser una alternativa formalmente habilitada. Esto ocurre justo en un momento en que el modelo tradicional comienza a mostrar sus limitaciones.

Sin embargo, su despliegue efectivo aún enfrenta desafíos. La implementación de la ley depende en gran medida de la dictación de su reglamento técnico, que debe definir estándares, procedimientos y mecanismos de certificación. Su promulgación es clave para concretar esta iniciativa en la práctica y dar certeza a los distintos actores del sistema.

“Es una coincidencia clave en términos de timing. Chile habilita la reconversión certificada en el mismo momento en que el financiamiento para renovar flotas completas se vuelve más complejo. Eso abre una oportunidad concreta para acelerar la transición con menores costos”, agrega Repenning.

Desde el punto de vista económico, la diferencia es significativa. La reconversión permite transformar un bus diésel en eléctrico por cerca de la mitad del costo de una unidad nueva. Además, mantiene beneficios como menores costos de mantención y una mayor eficiencia energética.

Además, al trabajar sobre vehículos ya existentes, este modelo evita procesos de licitación prolongados. También permite implementar soluciones de forma más ágil, especialmente en regiones donde los proyectos de renovación pueden verse más afectados por restricciones presupuestarias.

Más allá del escenario local, el desarrollo de capacidades industriales también abre nuevas oportunidades. Reborn Electric Motors ya opera más de 140 unidades fabricadas 100% en Chile en distintas faenas. Esto incluye entornos de alta exigencia como la minería, lo que valida la tecnología en condiciones reales de operación.

Este desarrollo no solo permite reducir la dependencia de proveedores internacionales. Además, posibilita adaptar soluciones a las condiciones específicas del territorio, desde transporte urbano hasta operaciones en zonas extremas.

El crecimiento del mercado también respalda esta tendencia. Los vehículos electrificados han aumentado su participación en las ventas. Esto anticipa una base creciente de unidades que, en el futuro, podrían ser susceptibles de reconversión.

De esta forma, en un contexto donde el presupuesto deja de ser una variable garantizada, la electromovilidad comienza a transitar hacia un modelo más flexible. Así, la eficiencia, la reutilización de activos y el desarrollo local se consolidan como factores clave para sostener su avance.

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