Experta entrega claves para elegir según la intensidad, grasa, textura y dulzor de cada preparación.
Empanadas de pino, pastel de choclo, asados y costillares son protagonistas de las celebraciones de Fiestas Patrias. A la hora de acompañarlos con vino, la elección puede variar según los sabores y la intensidad de cada plato.
Claudia Gacitúa, directora del Diplomado en Comunicación de Vinos de la Universidad Andrés Bello, plantea que el maridaje no consiste únicamente en asignar una cepa a cada comida.
La especialista recomienda considerar factores como la grasa, acidez, textura, intensidad y presencia de sabores dulces antes de escoger una botella.
Carménère para las empanadas de pino
La empanada de pino encuentra una alternativa de acompañamiento en el Carménère. Según Gacitúa, sus taninos suaves y características especiadas pueden combinar con la carne, la cebolla y los condimentos del relleno.
El pastel de choclo también puede acompañarse con esta cepa. En este caso, la recomendación apunta a buscar estructura sin excesos de taninos para mantener el equilibrio con la cremosidad y el dulzor del choclo.
Un Merlot aparece como otra opción para quienes buscan una sensación más fresca y amable.
Cabernet Sauvignon para la parrilla
Cuando la celebración se traslada a la parrilla, el perfil del vino puede cambiar.
Para carnes rojas y preparaciones de mayor intensidad, Gacitúa plantea el Cabernet Sauvignon como una alternativa. Su cuerpo y estructura permiten acompañar cortes con sabores más marcados.
Los vinos con paso por barrica también pueden generar un punto de encuentro con las notas tostadas y ahumadas que aparecen en las carnes preparadas a la parrilla.
El costillar sigue una lógica similar debido a su intensidad y contenido graso.
Cepa país, blancos y rosados también entran en la celebración
El menú dieciochero no obliga a elegir siempre un tinto de gran estructura. La cepa País puede funcionar con preparaciones como prietas con papas y charquicán, gracias a su perfil fresco y buena acidez.
Los vinos blancos también tienen espacio en la mesa. Sauvignon Blanc de Casablanca y Chardonnay fresco sin madera son alternativas para preparaciones donde se busca mayor frescura.
Los espumantes pueden utilizarse al inicio de una comida o para cambiar de registro entre distintos platos.
¿Un solo vino para toda la comida?
Para quienes prefieren evitar varias botellas durante una misma celebración, los rosados ofrecen una alternativa versátil.
Según la especialista, este tipo de vino puede acompañar preparaciones frescas y también platos con más condimentos o grasa.
La elección, sin embargo, también depende del gusto de cada persona. Gacitúa destaca que el maridaje no funciona como una fórmula rígida y que las preferencias individuales forman parte de la experiencia.
El vino para acompañar el postre
Los sabores dulces requieren otra consideración. Entre las opciones aparecen los vinos Late Harvest, además de preparaciones tradicionales como los asoleados y pajaretes.
La clave está en equilibrar el azúcar con una acidez suficiente para evitar una sensación excesivamente empalagosa.
Los espumantes demi-sec también pueden acompañar postres, especialmente cuando se busca combinar dulzor, frescura y burbujas.
Durante las celebraciones, la especialista también recomienda explorar vinos de pequeños productores y proyectos asociados a cepas tradicionales y parras antiguas.
La elección final dependerá del plato, el vino disponible y las preferencias de quienes comparten la mesa. En cualquier caso, las celebraciones de Fiestas Patrias también requieren un consumo responsable.
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